domingo, 24 de mayo de 2009

ANTONIO VEGA

Con un don atado a ti vivías tan alejado
de el como un fantasma de su piel.
Te perseguía un andén con tu voz
allá donde amanecieras sin maletas.
En el fondo de un armario
coleccionabas esquinas con filo de plomo,
y dosis vencida de poeta, y una guitarra
que compusiste brillante, a tu manera.

Dentro de ti, donde no cabía nadie, conseguías respirar
si las letras delataban tus mejores canciones.
Canciones de los agujeros que tu cuerpo llamó,
en días que no estabas,
adoptándolos.
Canciones por querer vivir sin verte demasiado.
Canciones por saber que una palabra olvidada
se repite tantas veces como un mal recuerdo.

Adiós,
para no olvidar que aquí estuviste, elegido.

Gracias,
por tanta presencia, la tuya, ya acumulada.

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