viernes, 29 de enero de 2010

J. D. SALINGER

Testamento genial. Solitario ombligo del mundo. Sacó
a bailar a sombras y se enamoró de todas.

Bebedor de oasis. Hambriento sin hambre.¿La guerra le temió?.
Su mente no sabía hablar con desconocidos; las palabras
cuando se pronuncian saben a error.

Tan alto que en su país, todos, alguna vez, lo han visto.
Ahora, que ha muerto, su nombre es muy sencillo de pronunciar.
Suele pasar con los que se mueren.

Una de las primeras sombras le dictó; las siguientes le hablaron.
Él les fue siempre fiel.

domingo, 24 de enero de 2010

LA VOZ

Aquella voz le volvía a llamar. No respondería ¿Para qué? Ya era suya.
La primera vez que la oyó fue el día anterior al del siniestro. Estaba
en la cama; despierto, pero tan cansado que sentía su cuerpo dormir.
El domingo y el lunes eran el mismo día. Sin paisajes. Sin metas.
Cuerpos conocidos lejos de sus brazos. Y de pronto aquella voz que
le miraba: insalvable, oculta, hermosa como un suspiro. Cerró los
ojos. Su instinto le avisaba que el futuro era un don que ya no
podría hacer crecer. Ni pedirlo prestado.

Y la voz, finalmente, se acercó para tocarle.

domingo, 10 de enero de 2010

OJOS AZULES

La cara no podía llegar
a tiempo de ver su aroma,
ojos azules tiznaban su fragilidad;
parecía joven,
aunque lejos su mejor juventud.
Por pestañas sombras abiertas;
un verano de cada cinco no sabía nadar,
se ahogaba sin motivo: cuenta pendiente
de su vientre.
Ojalá tu memoria la deje en paz,
ya no te necesita. Lo sabes.

Qué fácil es poner nombres que nadie desea
y derramarlos sin culpa.

Jardín derrocado,
isla de silos,
noches vagabundas,
y como único palacio, se ve, a lo lejos,
un almacén de ojos azules,
tan abiertos que nadie se los podrá poner.
Inservibles caras olvidadas.

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