domingo, 27 de septiembre de 2009

MUJER DE UN SOLO VESTIDO

Siempre la conocí en la calle, mendigando, con el mismo
vestido, tan solitario como ella. ¿Edad? No tenia, al menos
yo no supe distinguirla. Se acercaba mirándome tan despa-
cio como una sùplica. Sin palabras, no hacía falta. Las pala-
bras muchas veces engañan al oído con sonidos que nadie
entiende. Yo le acercaba a su mano, pequeña, deformada
por no haber tenido jamás descanso, unas monedas. Después
se alejaba sin verme. Si alguna vez le preguntaran por mí res-
pondería no haberme visto nunca. De mí solo vio las sombras
de unas monedas.
A veces desaparecía durante semanas para reaparecer a la
misma hora del mismo día?. Supongo que sí. Ella se repetía,
yo me repetía. Sí, los días no cambian nunca, son los mismos
si iguales son los actos, ella esperaba mis monedas y yo su
mano gastada.
Supe que era madre, y que al menos un hijo no dejaba de sa-
lir y entrar de la cárcel: y que un marido ya no estaba con ella,
y que jamás tenía frío, -el mismo vestido de siempre le servía
como piel para el verano y el invierno-. Jamás una queja, su-
pongo que nadie le había enseñado a hacerlo, o no tenía tiem-
po, o sabía que una queja es algo más que un mal recuerdo.
Hoy ya no sale a mi encuentro desde su oscuridad, al menos
ya no la veo. Me pregunto si ando por las mismas calles, si
llevo monedas que a ella le sirvan, si mis ojos se han acostum-
rados a la oscuridad y no distingue cuerpo distinto al mío.
No temo por su vida, dejó de tenerla casi desde el principio.

martes, 22 de septiembre de 2009

JACINTA Y LA JUSTICIA

Estar en un lugar equivocado en una hora que no te esperan,
y para colmo y desventura definitiva, que un juez te vea
en esa situación, y te llames Jacinta, y midas 1,50 metros de
estatura, y peses 80 kg, casi todos de sobre peso, y no lleves
armas-para despistar-, y no sabes idiomas, lo llevas claro. Na-
die, sin utilizar artimañas mentales, puede dudar que una per-
sona así no es capaz de secuestrar a seis policías de élite,
jóvenes, apenas armados hasta los dientes.
Ella, Jacinta, de astucia provocadora, se disfrazó de baja
estatura, con kilos de más, y para desgracia de los seis poli-
cías, aprovechó sus espaldas desprevenidas y se los cepilló
en un pis-pas(aclaro que cuando digo se los cepilló no quiero
decir que fueran violados frenéticamente. No, que no. Faltaría
más. Lo podría haber hecho, aprovechando su superioridad, per-
fectamente. Pero no, Jacinta se conformó con secuestrarlos.
Entre sus modos canallas, al parecer no figura el de violar a
policías).
Pero puede alguien pensar que el mal triunfe si un juez pasa por
allí, y en décimas de segundos, las que necesita para visionar
un vídeo, y decir:" Tate...tate...tate". Suficiente. El juez,
después decir tres veces tate, mandó encarcelar a Jacinta (ella
si pasaba por allí) Y tan pancho.
Ahora, meses después, el juez es víctima de una cacicada polí-
tica,- la presión mediática le obliga a ponerla en libertad. Este
no sale de su asombro:¡Dejar en libertad a tan peligrosa delin-
cuente! Los policias, desde entonces se encuentran acuartela-
dos, temerosos de pisar la calle y estar a la intemperie de los ca-
prichos maquiavélicos de Jacinta.
En fin, el juez a pesar de tan funestos avatares no piensa dimitir.
Tampoco se lo han pedido, no serviría de nada.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

HÉROES

Ser un héroe y que todos a tu alrededor lo sepan es un acto de
suprema valentía. Yo no podría. Supe pronto de los mejores es-
condites. La prudencia me adoptó desde niño, y en ella sigo.Por
eso cuando las noticias nos descubren a un héroe no salgo de mi
asombro. ¿Qué les pasa me pregunto? ¿Es que no temen por sus vi-
das?¿Son inmunes al dolor? ¿Cómo pueden soportar años en priva-
ción de libertad en cárceles infrahumanas? ¿De qué están hechos
esos hombres y mujeres que ofrecen todo a cambio de ganar cuo-
tas, muchas veces migajas, de libertad o de bienestar para sus
iguales?
Lubna Husein, activista sudanesa y periodista, es el penúltimo
ejemplo de lo que digo. (en muchos países, por nacimiento, le
viene concedido a la mujer ser héroe solo por sobrevivir, y si
por añadidura disputa al hombre su suerte entonces el peligro
para ella se convierte en certeza) Al parecer, Lubna, mientras
disfrutaba de un concierto en un restaurante, es detenida junto
a otras trece mujeres.¿El delito?...Llevar todas pantalones-
muchas veces es suficiente para ser detenidas que el aire refres-
que sus caras. Preguntarse por los motivos que llevan a algunas
sociedades a humillar al ser humano de esta manera es ahora lo
menos importante, quiero detenerme en la manera de enfrentarse
a este hecho inexplicable, sobre todo para nosotros, los occiden-
tales, por Lubna.
Condenada a 40 latigazos, se negó a recibirlos, renunció a la in-
munidad que le ofrecía ser miembro de la ONU en su país, igualmen-
te se negó a pagar 150 eros por la conmutación de los latigazos,
y claro, ante tanta tozudez, las autoridades "se vieron en la obli-
gación de ingresarla en prisión" Estuvo 22 horas, un organismo pró-
ximo al gobierno, tuvo miedo del asombro que había despertado su
caso, en una gran parte de la comunidad mundial, y pagó la multa.
Lubna, manifestò, inmediatamente, que volvería a llevar pantalones
y ante la pregunta: "Está su vida en peligro por la lucha que está
encabezando", contestó: "Es posible que sí. Pero no me moveré de
aquí. Seguiré viviendo en mi país. Lucharé contra ese código penal,
que va contra nuestra Constitución. Y lucharé contra la existencia
de tribunales especiales y policías especiales".
Lubna ha sembrado en el desierto, como todos los héroes, y no existe
ninguna libertad,de la que hoy disfrutamos, que no haya sido sembra-
da así.
Por cierto, ayer recobró su libertad Muntader al Zaidi, héroe para su
pueblo por lanzar un par de zapatos. Para mí también

martes, 8 de septiembre de 2009


SANDALIAS ROJAS

Sandalias rojas,
rosas excitadas.
Ahogaba su mar inundado,
sus piernas, desbocado imán, te sellaba,
y tú, solitario, contenía la altura de su boca.
Tan vestido con su cuerpo
que su lado más cercano a ti no repiraba sin su aire.
Conquistados
días inseparables... sin horas...apenas reloj.

viernes, 4 de septiembre de 2009


LUZ QUE NO PUEDE ESCAPAR

Colores que no pueden naufragar abren una puerta para que no quede rastro.
Una vez dentro reconoces cada esquina,
cada papel, cada toldo, cada madera;
y de las pinturas sus secretas capas.
Te sientes como en tu casa, tan breve.
Todo es presencia: como la luz que no puede escapar.
Las mujeres y sus trajes reinan,
un trono descansa para cada una de ellas.
Las niñas parecen tocar, bailando, su destino.
¡Te cuesta tanto andar! Imitas al aire,
parándote en cada mirada;
y tú, tan débil como el cansancio,
ves bailar nuevamente el instante que se quedó contigo.

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