jueves, 5 de agosto de 2010

PARA QUÉ RECITAR (1)


De todos modos no había nadie, me dije. ¿Para qué recitar?
¿Me había equivocado de sitio? Leí de nuevo la convocatoria.
Sí, era la hora y el sitio indicado. Bueno, pensé, quizá la
puntualidad se consideraba descortesía por aquellos lugares.
Eché una ojeada. Todo parecía en su sitio: fechas silenciosas,
mármoles ajados, flores desiertas, calles sin destino; nombres
sucios. Y de pronto murmullos, ruido de pasos que se acercaban.
Los sentía a mi lado pero no conseguía verlos. Palabras que mis
oídos no conseguía descifrar .

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