PARA QUÉ RECITAR (1)
De todos modos no había nadie, me dije. ¿Para qué recitar?
¿Me había equivocado de sitio? Leí de nuevo la convocatoria.
Sí, era la hora y el sitio indicado. Bueno, pensé, quizá la
puntualidad se consideraba descortesía por aquellos lugares.
Eché una ojeada. Todo parecía en su sitio: fechas silenciosas,
mármoles ajados, flores desiertas, calles sin destino; nombres
sucios. Y de pronto murmullos, ruido de pasos que se acercaban.
Los sentía a mi lado pero no conseguía verlos. Palabras que mis
oídos no conseguía descifrar .
TEOLOGÍAS
Hace 1 semana
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