FRAGMENTO (II)
Áquel de allí se parece a mi hermano. Es casi perfecto, doble de
mi conciencia, fugaz, a la interperie, condenado. De frente se
parece a mi madre, sus manos, sus ojos, incluso ahora, que ya
no es, le veo en la acera que me inundará. Los recuerdos son
símbolos de imágenes que no podemos cargar. Parece más
joven. No debe haber cumplido aún los treinta años. Me mira.
Me ha reconocido. Se estará preguntando que hago solo y tan
Me ha reconocido. Se estará preguntando que hago solo y tan
despierto. Si me habla le hablaré de lo que nunca quiso. Le
dolerá. Lo sé. A mí también, pero es mi última oportunidad.
Comenzaré preguntándole por las noches que nuestra madre
no durmió, esperando una llamada, para oír la tregua de su voz.
Horas y horas sin poder respirar, apenas un vacío sentado en
Horas y horas sin poder respirar, apenas un vacío sentado en
una silla. ¿Qué me contestará? Apostaría que no querrá hablar
de ello. Pero no se saldrá con la suya. Insisteré. Necesito que
me explique qué le obligaba a ocultarse. Si me convence me
convertiré en su cómplice. Si por el contrario se limita a
recordar las amenazas, que nosotros nunca vimos, no me hará
perder el tiempo. Le dejaré marchar. No, mejor me irè con él.
perder el tiempo. Le dejaré marchar. No, mejor me irè con él.
Ya una vez desapareció sin mí. No puedo volver a consentirlo.
Fuímos uno y así para siempre. Qué tarda en llegar. Me vuelvo
a fijar en su cara, ha envejecido rápidamente Incluso veo en
ella arrugas. Debe de tener más de cincuenta años. Seguro. Ha
retrocedido en la fila. Ya no ocupa la primera. ¿Se esconde
entre la multitud. ¿Por qué lo hace? ¿No quiere encontrarse
conmigo? Parece claro que no me perdonó. Lo comprendo.
Tampoco yo lo habría hecho. Tengo que memorizar el color de
la camisa que lleva, también el de su pantalón. Prometo no
olvidarlo. Ojalá pase de los últimos; cuando ya mis bolsillos
estén llenos de monedas. Nos marcharemos juntos y jamás
volveré a pedir limosnas.
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