sábado, 31 de octubre de 2009

LA SUERTE TIENE MEMORIA


Si desde algún lugar que no recuerdas, sin venir a cuento,
sin merecerlo, te llueve una piedra enorme, no la abras. Es tu
suerte que se ha manifestado. Hazte el distraído, simula que
en realidad no querías estar allí, que pasabas porque tenías
hambre. Nadie se lo creerá, pero al menos confunde.

Va a depender de tu fe que la siguiente pedrada busque otro
destinatario. Conveniente te será que la valentía haga acto de
presencia en tu ánimo, o cerca de él. Sí, ya sabemos que no
andas sobrado de ella, pero si optas por esconderte en tu mala
suerte serás lentamente lapidado, recuerda que la suerte
tiene memoria y se alimenta principalmente de fe, fe que las
piedras cuando vuelvan a caer dañen otras frentes.

Sigamos. Que la suerte tiene memoria es incontestable. Cómo
si no se explica que tú, después de gatear, y pegarte miles de
trompazos, aprendieras a caminar. Cómo si no se explica que tú,
después de juntar letras las hicieras coincidir en palabras. Cómo
si no se explica que la continuación de las primeras caricias se
convierta en un abrazo inexplicable.

Resumiendo. Si una piedra te persigue cámbiale el nombre del
destinatario. Ser valiente no te garantiza una vida larga, pero al
pero al menos lo harás al aire libre.

Apuntarse a un taller literario que rimen la fe puntúa.

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